historia

El territorio que comprende actualmente el municipio de Maní fue habitado por indígenas de diversas tribus y variadas condiciones vitales, desde cazadores y recolectores nómadas hasta agricultores sedentarios; La llegada de los conquistadores españoles significó un proceso conflictivo de imposición de instituciones europeas en todos los llanos del Orinoco, con la actividad evangelizadora, se dieron los primeros establecimientos españoles en el territorio maniceño: las misiones y haciendas de los jesuitas. Surgieron entonces Surimena, fundada por el sacerdote José Cabarte, en 1717; y San Luis Gonzaga de Casimena, sobre el caño del mismo nombre, fundada por el jesuita Juan Espinosa en 1746 de la cual hoy se conocen unas viejas paredes con el nombre de "Ruinas de Pueblo Viejo", ubicado cerca al actual Centro Poblado de Santa Helena del Cúsiva.

Santa Helena del Cúsiva, empieza a documentarse en 1887, siendo erigido distrito, tuvo una vida muy corta, pues ya en 1890 se habla de su eliminación como municipio. Sin precisiones infundadas, Maní, o El Maní, tuvo que haber nacido en esas décadas finales del siglo XIX, su nombre hace memoria de un jefe nativo cacique Maní, Maní proviene de un vocablo indígena de los Tutul Xiu tribu procedente de los Mayas de Centroamerica que significa “está hecho”. En esa época se describen las situaciones que generaron la fundación de centros poblados en esos lugares o ya se nombra al poblado en diversos documentos y relatos. En un escrito de Juan de Dios Tavera, incluido en el folleto Comercio oriental por el río Meta, publicado en 1884, se menciona por primera vez a Maní, señalándola como un punto estratégico en la ruta entre Sogamoso y el río Meta.

La segunda cita corresponde a una visita que hace a “Maní, pueblecito donde solo hay siete casas y la iglesia”, el obispo -ahora santo- Ezequiel Moreno, el mes de enero de 1890. También pasa por Santa Elena de Cúsiva, de la que dice “Solo cuenta con cuatro años de existencia y es ya mucho mayor que Maní. Tiene su iglesia y casa cural, y cuenta con bastantes recursos para la vida.” La tercera encontrada es de 1893, cuando Casanare se constituye como Intendencia, con capital en Támara, y Maní es uno de sus 19 municipios, al que se incorpora Barroblanco. En adelante las menciones a Maní están dictadas por los vaivenes de la organización política y administrativa de los llanos de Casanare; que la asciende o rebaja de categoría y le agrega o desagrega jurisdicción.

En el siglo XX se multiplican las apariciones de Maní. En sus primeras décadas se describe como un pueblo muy pequeño, “otra ranchería de mi jurisdicción” dice el padre Fabo, quien agrega que en su territorio sobreviven los últimos achaguas. Para los años 30, en Maní se va consolidando una identidad criolla, llanera, alimentada por la presencia de grandes hatos ganaderos por todo su territorio, y con la inseparable presencia del joropo. Mientras la población indígena declina, se retira hacia el Vichada y Orocué, o se mezcla, Maní recibe oleadas de inmigración de gentes de diversas procedencias, especialmente de Boyacá, y van estableciéndose algunos tolimenses y antioqueños, además de venezolanos que huyen de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Para 1928 ya alcanza Maní los 1.182 habitantes. Las preocupaciones de esos años son las dificultades de comunicación y los casos de bandolerismo y robo de ganado; además de la dependencia administrativa de Boyacá, (o del Meta en alguna ocasión) que dificultaba el funcionamiento y la toma de decisiones en todo Casanare.

A partir del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948. Se desata la violencia bipartidista, Maní y sus sabanas se vuelven epicentro de la actividad de resistencia liberal y sus jóvenes se vinculan al movimiento armado, especialmente al lado de Guadalupe Salcedo, hay que señalar que la participación de Maní y sus gentes en la guerrilla liberal deja una impronta indeleble en el imaginario de todos los habitantes. En diciembre de 1950, Maní fue destruido, quemado completamente, sin embargo, gracias al valor civil de sus pobladores sobrevivientes, hacia finales de 1953 el pueblo es reconstruido y resurge el nuevo Maní, los administradores locales fueron ciudadanos nacidos en la región, quienes a través de bazares y reinados abrieron las principales vías del municipio, construyeron la cárcel, la primera escuela, el hospital y la iglesia, familias de arraigadas costumbres, nobles y trabajadoras, fundaron el asentamiento urbano con unos quince ranchos de palma y bahareque, lo que hoy se conoce como la carrera segunda así como fincas y grandes y productivos hatos agrícolas y ganaderos.

En 1973, Casanare se separa de Boyacá e inicia vida política como Intendencia. Maní es uno de sus 18 municipios. Desde 1991, Casanare es departamento y sus municipios son ahora 19, luego de la creación de Villanueva. En las últimas décadas Maní sufre el embate de la violencia guerrillera y paramilitar; ve surgir al petróleo, el arroz y la palma africana como nuevas fortalezas económicas; mejora su comunicación terrestre; y busca consolidarse como un destino turístico, logrando el reconocimiento de su actividad cultural llanera protagonizada por la interpretación de la bandola, como uno de sus grandes atractivos.

En esos años también ha visto Maní concentrar su población en el área urbana, con una gran afluencia de gentes de todos los lugares del país, lo que genera no solamente una gran presión sobre las condiciones vitales, sino la preocupación acerca del mantenimiento de la identidad cultural y sus manifestaciones. Pero, sin duda, como se escribió en 1930, Maní sabe trabajar cantando. Y cantando y tocando bandola seguirá adelante.